“Las mujeres tenemos voz, tenemos fuerza y tenemos valor. Solo necesitamos creer en nosotras mismas para transformar el miedo en acción.”

Con esa convicción, Milvia, mujer q’eqchi’ del barrio 27 de Abril, en El Estor, Izabal, ha demostrado que el liderazgo puede cambiar la historia de una comunidad.

Madre de tres hijos y emprendedora incansable, Milvia combina su trabajo y su vida familiar con una vocación profunda de servicio. Hoy es presidenta de la organización de mujeres y lideresa del COLRED de su barrio, reconocida por su compromiso, capacidad de organización y respuesta ante emergencias.

Antes de involucrarse en los espacios de liderazgo, se dedicaba principalmente a su negocio y a su hogar.

Su comunidad enfrentaba inundaciones frecuentes, pero carecía de organización para prevenir riesgos. En ese contexto, la participación de las mujeres era escasa y las decisiones recaían casi siempre en los hombres.

Aunque Milvia deseaba involucrarse, se sentía insegura y con temor a hablar en público.

Su transformación comenzó cuando fue invitada por el comité de mujeres de la municipalidad a participar en la Escuela de Liderazgo de Mujeres en Emergencia.

A través de los módulos de liderazgo, gestión comunitaria y respuesta ante desastres, descubrió sus propias capacidades y aprendió a coordinar acciones con instituciones, motivar a otras mujeres y organizar a su comunidad frente a los riesgos climáticos.

“Las mujeres tenemos voz, tenemos fuerza y tenemos valor. Solo necesitamos creer en nosotras mismas para transformar el miedo en acción y la adversidad en oportunidad.”

A pesar de los retos de equilibrar su rol como madre, emprendedora y alcaldesa de barrio, Milvia nunca faltó a las formaciones.

Cada sesión fue un espacio para fortalecer su confianza y consolidar su voz como lideresa. Pasó de ser una mujer reservada a una referente local que inspira y orienta a otras mujeres para actuar ante las emergencias con serenidad y decisión.

Gracias a su liderazgo, el barrio 27 de Abril cuenta hoy con mejores mecanismos de organización y respuesta.

Las familias saben cómo actuar en caso de inundaciones, y las mujeres participan activamente en la planificación y comunicación con las instituciones.

Su ejemplo ha impulsado un cambio cultural: las voces femeninas ya son escuchadas y valoradas en los espacios comunitarios.

Milvia ha demostrado que el liderazgo no se impone, se construye con constancia y empatía. Su historia inspira a otras mujeres a creer en su fuerza y a transformar la vulnerabilidad en acción colectiva.

Sueña con seguir capacitando a más mujeres, especialmente jóvenes, para que participen en los procesos comunitarios y fortalezcan la prevención ante desastres.

También aspira a consolidar una red de apoyo entre lideresas rurales, convencida de que cuando las mujeres se organizan, las comunidades se vuelven más seguras, fuertes y solidarias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *