Además, los desastres naturales como inundaciones y derrumbes afectaban los cultivos y el acceso a servicios, complicando la organización comunitaria.

Aun así, Elsa nunca perdió su espíritu participativo ni su deseo de aprender. Su camino de transformación comenzó al integrarse a la Escuela. A pesar de los viajes de hasta cinco horas por mar o bajo la lluvia, nunca faltó a una sesión. Cada encuentro fortalecía su confianza y su convicción de que el liderazgo comienza en casa. Aprendió sobre gestión de riesgos, derechos de las mujeres, liderazgo y organización comunitaria, descubriendo que una mujer preparada puede guiar con firmeza y empatía.

Con el tiempo, Elsa comenzó a representar a su comunidad en reuniones y procesos locales.

Su constancia, capacidad para coordinar y motivar, y su claridad al hablar le ganaron el respeto de líderes y vecinos.

De ser vista como acompañante, pasó a ser reconocida como lideresa con voz propia.Su ejemplo ha inspirado a otras mujeres a participar en los comités locales y a ocupar espacios donde antes solo se escuchaban voces masculinas.

Gracias a su impulso, en Sarstoon Creek las mujeres ya integran grupos de planificación y respuesta, y los hombres reconocen su aporte en la organización comunitaria.

Hoy, Elsa continúa activa en los espacios comunitarios y desea seguir formándose para acompañar a más mujeres rurales.

Sueña con que su comunidad tenga más lideresas preparadas para actuar ante emergencias y defender sus derechos.

Su visión va más allá: anhela que las instituciones lleguen a las aldeas más lejanas para seguir sembrando conocimiento, equidad y esperanza.

“Si somos positivas y unidas, ninguna tormenta nos detiene.”