Carmen Tulcacao es una mujer q’eqchi’ que ha forjado su camino entre la tierra y la esperanza. Desde joven, ha trabajado incansablemente en la agricultura, cultivando maíz, frijol, chile y arroz para sostener a sus cinco hijos.
Su esfuerzo constante la ha convertido en un ejemplo de fortaleza y organización dentro de su comunidad.
Antes de integrarse a la Escuela de Liderazgo de Mujeres en Emergencias, Carmen enfrentaba desafíos cotidianos que amenazaban su bienestar y el de su familia.
Las lluvias intensas y las inundaciones eran una constante, y la falta de coordinación local dificultaba actuar a tiempo. En esos momentos, notaba cómo las voces de las mujeres quedaban al margen, pese a su papel fundamental en la vida comunitaria.
Su decisión de participar en la Escuela marcó un punto de cambio. Durante el proceso, aprendió sobre derechos de las mujeres, liderazgo, gestión de riesgos y organización comunitaria. Cada sesión fortaleció su confianza y le mostró que la preparación también comienza con creer en una misma.
Con ese impulso, Carmen empezó a aplicar lo aprendido. Motivó a otras mujeres a integrarse en los comités locales y a asumir responsabilidades en la toma de decisiones.
En los momentos de emergencia por lluvias y desbordamientos, ha sido una de las primeras en organizar a las vecinas y vecinos para proteger sus hogares y asegurar el bienestar de las familias.
El liderazgo de Carmen ha tenido un efecto multiplicador. Gracias a su ejemplo, la comunidad de Los Recuerdos ha fortalecido sus mecanismos de organización y respuesta ante emergencias.
Ahora cuentan con rutas de evacuación claras, comités activos y una red de comunicación que permite actuar con rapidez.
Las mujeres participan en simulacros, elaboran mapas de riesgo y lideran actividades de prevención, reconociendo que la seguridad de sus familias también depende de su participación. Para Carmen, ver a otras mujeres tomar la palabra y liderar ha sido una de sus mayores satisfacciones.
Carmen se reconoce ahora como líder y promotora del cambio. Su participación ha inspirado a otras mujeres a hablar, proponer y ser escuchadas.
Hoy, muchas de ellas integran comités escolares y de emergencia, fortaleciendo el tejido comunitario y demostrando que la organización es clave para prevenir y responder ante desastres.
Carmen continúa trabajando por un futuro más seguro y equitativo. Su meta es seguir promoviendo la participación de las mujeres y la educación de sus hijos como pilares de transformación.
En cada reunión o capacitación, comparte su experiencia con otras comunidades, convencida de que la solidaridad y la preparación salvan vidas.
“Aprendí que ser mujer no es una debilidad, es una fuerza. Podemos dirigir, proteger y levantar nuestra comunidad, aun cuando las aguas crecen o las palabras intentan hundirnos.”