Para las mujeres agricultoras en Guatemala y en el mundo, “Cada paso que damos abre una puerta”

Durante mi tiempo realizando trabajo de verificación en terreno en Guatemala, tuve el privilegio de pasar un día extraordinario con mujeres productoras de café que forman parte de la cooperativa Asociación de Agricultores Tinecos (ADAT).

La cooperativa es un modelo increíblemente poderoso: las mujeres pueden vender su café directamente a cafeterías, en lugar de tener que pasar por intermediarios. Participan en cada parte de la cadena de suministro, desde la siembra hasta la cosecha, el tostado y la venta, lo que les da influencia y acceso a recursos que, lamentablemente, no siempre están al alcance de las mujeres agricultoras.

Les pregunté a las mujeres de ADAT qué consejo le darían a otras mujeres agricultoras alrededor del mundo.

“Cada paso que damos abre una puerta para otra mujer. Organizarnos nos ayudó a mejorar nuestro producto, para tener la mejor calidad; pero sin las herramientas necesarias no llegaríamos lejos. Hoy sabemos que las mujeres merecemos participar y aprender en toda la cadena: desde sembrar hasta comercializar. Queremos que nuestro café sea reconocido a nivel internacional —Café de la Mata— en la taza, café de la Sierra de los Cuchumatanes, Guatemala, con rostro de mujer.”

“Cada paso que damos abre una puerta para otra mujer”, dijeron las integrantes del grupo, inicialmente en el español que aparece arriba, después de realizar un taller en el que construyeron de manera colectiva su mensaje. “Organizarnos nos ayudó a mejorar nuestro producto, para tener la mejor calidad; pero sin las herramientas necesarias no llegaríamos lejos. Hoy sabemos que las mujeres merecemos participar y aprender en toda la cadena: desde sembrar hasta comercializar. Queremos que nuestro café sea reconocido a nivel internacional —Café de la Mata— en tu taza, café de la Sierra de los Cuchumatanes, en Guatemala, con rostro de mujer.”

Este enfoque en la organización y la colaboración, me explicaron, es lo que les permite participar de forma tan significativa en cada etapa de la cadena de valor del café. Por ejemplo, están trabajando con una organización enfocada en juventudes para aprender sobre el tostado del café. También colaboran con CARE Guatemala para ayudar a “transformar la cadena de valor del café posicionando a las productoras como actoras clave en los procesos de producción, transformación y comercialización.”

Sin embargo, estas agricultoras —y muchas otras mujeres en Guatemala— siguen enfrentando desafíos significativos. Alrededor de 2.6 millones de personas en Guatemala experimentan altos niveles de inseguridad alimentaria aguda. Siete de cada diez personas que viven en pobreza se encuentran en zonas rurales agrícolas, pero su agricultura de subsistencia está en riesgo, ya que Guatemala es uno de los diez países del mundo más vulnerables al cambio climático.

A esto se suman los recortes generalizados a los programas globales de ayuda extranjera, como USAID, que están volviendo la situación aún más precaria. Tomemos como ejemplo a CARE: la organización existe desde 1959 para abordar las desigualdades económicas, la equidad de género, la seguridad y la sostenibilidad inclusiva. Sin embargo, el desmantelamiento de USAID amenaza la capacidad de CARE para seguir apoyando a agentes de cambio como las mujeres de ADAT y ha restringido gravemente su trabajo en temas de violencia contra las mujeres y derechos a la salud reproductiva, afectando no solo a agricultoras, sino a mujeres en todo el mundo.

Empoderar a las mujeres es la solución para construir un planeta bien alimentado y resiliente.

Cuando las mujeres tienen acceso equitativo a recursos financieros —como escuché de primera mano de las agricultoras de ADAT— no solo mejoran sus propias vidas y medios de vida, sino que también están mejor preparadas para alimentar a todas sus comunidades.

Ahora es el momento de respaldar a las mujeres agricultoras de todo el mundo que sostienen nuestros sistemas alimentarios y agrícolas.

Este año, 2026, es el Año Internacional de la Mujer Agricultora. La FAO cuenta con numerosas recomendaciones para responsables de políticas públicas, líderes empresariales, académicos e inversionistas que buscan actuar, y las personas consumidoras conscientes y la comunidad de Food Tank también tienen un papel fundamental que desempeñar.

Prioricemos la compra de alimentos producidos por mujeres agricultoras, productoras y redes cooperativas. Visitemos mercados locales liderados por mujeres; apoyemos sindicatos y otras formas de acción colectiva por los derechos de las mujeres; y acompañemos a la próxima generación de lideresas de los sistemas alimentarios. En resumen: aprovechemos el Año Internacional de la Mujer Agricultora como una oportunidad para renovar nuestro compromiso con dar pasos que —parafraseando a las mujeres de ADAT— abran la puerta hacia un futuro de soberanía alimentaria más local, justo y equitativo.

Mientras tanto, planeo seguir compartiendo aprendizajes de mi trabajo en terreno en Guatemala, así que mantente atento a nuevas entregas de nuestra serie “En el terreno con Dani Nierenberg”. Un enorme agradecimiento a CARE Guatemala por recibirme.

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